Origen Criollo All articles
Gastronomía

Entre la tradición y la vanguardia: los nuevos cocineros que están redefiniendo lo criollo

Origen Criollo

Hay un momento en la cocina de cualquier chef que se precie en el que la pregunta inevitable aparece: ¿hasta dónde puedo llegar sin dejar de ser yo mismo? Para los cocineros criollos contemporáneos, esa pregunta tiene un peso añadido. No se trata solo de identidad personal, sino de identidad colectiva, de memoria y de herencia. Y sin embargo, lejos de paralizarlos, esa tensión parece ser exactamente lo que los impulsa.

En los últimos años, una nueva hornada de chefs ha irrumpido en la escena gastronómica latinoamericana con una propuesta clara: llevar la cocina criolla al siglo XXI sin borrar las huellas del camino recorrido. No es una ruptura, sino una conversación. Una muy sabrosa, por cierto.

El punto de partida: volver al origen para poder avanzar

Antes de innovar, hay que conocer. Eso lo tiene muy claro Marisol Fuentes, cocinera venezolana afincada en Madrid, cuyo restaurante Raíz lleva tres años sorprendiendo a los comensales con platos que mezclan técnicas de cocina de autor con ingredientes y sabores profundamente criollos.

"Yo no podría haber llegado a donde estoy sin haber pasado primero por la cocina de mi abuela", confiesa entre risas. "Ella hacía un caraotas negras que era casi una experiencia espiritual. Yo tardé años en entender por qué. Cuando lo entendí, ahí empezó todo."

Ese proceso de deconstrucción y comprensión de los platos tradicionales es, según muchos chefs del movimiento, el paso imprescindible antes de cualquier experimento. No se trata de cambiar por cambiar, sino de entender tan bien un plato que puedas tocarlo sin romperlo.

Técnica moderna, alma criolla

Uno de los grandes debates dentro de esta tendencia es el uso de técnicas procedentes de la alta cocina europea o de la gastronomía asiática aplicadas a productos y recetas criollas. ¿Es eso una traición o una evolución natural?

Para Carlos Mejía, chef colombiano con formación en Lyon y raíces en el Pacífico, la respuesta es clara: "Las técnicas son herramientas. Lo que importa es qué historia quieres contar con ellas. Yo uso el sifón, uso el nitrógeno líquido, pero lo que pongo en el plato huele a mi tierra. Eso no lo negocia nadie."

Mejía es conocido por su versión del sancocho de pescado servido como una espuma intensa acompañada de yuca deshidratada y un aceite de ají amarillo. El plato ha generado tanto admiración como polémica, algo que él recibe con filosofía: "Si no genera debate, es que no estás haciendo nada interesante."

Esta capacidad para provocar sin ofender, para innovar sin alienar, es quizás el mayor talento que requiere este tipo de cocina. Y no todos lo consiguen a la primera.

El ingrediente como punto de partida

Otra de las señas de identidad de este movimiento es la reivindicación del producto local y muchas veces olvidado. Mientras la globalización ha uniformizado los mercados, estos cocineros hacen el camino inverso: rastrean mercados de barrio, hablan con agricultores, recuperan variedades antiguas de maíz, de plátano, de tubérculos que casi han desaparecido de las mesas urbanas.

"El ingrediente es el primer acto político de un cocinero", afirma Lucía Paredes, chef peruana que trabaja en Barcelona. "Cuando eliges qué poner en el plato, estás tomando una posición. Yo elijo lo nuestro. Siempre."

En su caso, la cocina criolla peruana —ya de por sí una de las más reconocidas internacionalmente— le sirve como base para explorar combinaciones que sorprenden incluso a quienes creen conocerla bien. Su causa limeña deconstruida con espuma de ají amarillo y tartar de atún ahumado es uno de esos platos que te deja pensando mucho después de haberlo comido.

¿Autenticidad o autenticismo?

No todo el mundo está de acuerdo con este enfoque. Hay voces, especialmente entre las generaciones mayores, que ven con recelo cualquier modificación de los platos de siempre. Para ellos, la autenticidad es casi una cuestión moral: cambiar una receta es, de alguna manera, faltarle el respeto a quienes la crearon.

Los chefs del movimiento entienden esa postura, pero la cuestionan con respeto. "La cocina nunca ha sido estática", argumenta Marisol Fuentes. "Las recetas que hoy consideramos 'de toda la vida' también fueron innovaciones en su momento. La diferencia es que el tiempo las legitimó. Nosotros solo estamos en ese proceso."

Hay algo de verdad en eso. La cocina criolla es, en sí misma, el resultado de siglos de fusión, adaptación y creatividad forzada por las circunstancias históricas. Pretender que tiene una forma fija y definitiva sería, paradójicamente, traicionar su propia naturaleza.

El futuro que ya está en los fogones

Lo que está claro es que este movimiento no es una moda pasajera. Hay una generación entera de cocineros que está construyendo una nueva forma de entender la gastronomía criolla: más reflexiva, más técnica, más consciente de su lugar en el mundo, pero igualmente apegada a sus raíces.

Restaurantes como Raíz en Madrid, Pacífico en Barcelona o Tierra Nuestra en Ciudad de México son solo algunos ejemplos de un fenómeno que crece en ambos lados del Atlántico. Y lo que tienen en común no es una estética ni un estilo concreto, sino una actitud: la convicción de que la mejor manera de honrar el pasado es seguir cocinando hacia adelante.

En Origen Criollo creemos que esa actitud es, en el fondo, lo más criollo de todo. Porque nuestra cocina siempre ha sabido sobrevivir, adaptarse y reinventarse. Y eso, más que cualquier receta concreta, es lo que la hace única.

All Articles

Related Articles

De la tierra al plato: ingredientes criollos casi olvidados que merecen volver a tu cocina

De la tierra al plato: ingredientes criollos casi olvidados que merecen volver a tu cocina

El plato como memoria: lo que cada receta criolla nos dice sobre quiénes somos

El legado en peligro: cómo salvar las recetas de nuestras abuelas antes de que sea tarde

El legado en peligro: cómo salvar las recetas de nuestras abuelas antes de que sea tarde